Tendencias de temporada en Recursos Humanos

Me interesa el mundo de la moda y, por muy extraño que parezca, encuentro muchas similitudes entre ese mundo y el de Gestión de personas.

En el mundo de la moda, cada nueva temporada, se estrenan tendencias. Las propuestas de la pasarela marcan lo que tienes que llevar para estar “in”. Estas propuestas se trasladan rápidamente a la calle y parece que determinadas prendas clave deben pasar a formar parte de tu armario.

Pero ¿Quién crea las tendencias? Leí recientemente, que el uso de algo nuevo lo comienzan los denominados “iniciadores”, personas a las que les gusta diferenciarse, que se atreven a llevar algo que no lleva nadie y que toman la decisión de hacer o consumir algo por sí mismos sin que nadie se lo diga. El resto de la sociedad percibe lo que esos iniciadores llevan y, si se identifican con ellos, se extiende su uso.

Este reducido grupo de iniciadores deben tener influencia sobre otros y que otros les sigan. Son referencia en diferentes ámbitos, como, por ejemplo, el alumno de instituto que es original y al que se le copia lo que viste o el famoso al que se le copia el peinado, etc. Es a este grupo de personas a quienes las empresas siguen para tratar de adivinar qué puede ponerse de moda.

Una vez detectadas las tendencias, la intención de las empresas es colonizar a los “early adopters”, el grupo de consumidores que son los primeros en comprar lo que sale al mercado. Después, el objetivo final es conseguir negocio pasando de ese reducido grupo de compradores pioneros al público general.

En el mundo de los Recursos Humanos también hay tendencias. Sobre todo en cuanto al uso de conceptos. Los hay que “se llevan” por temporadas y que, de repente, todo el mundo usa. Y también, a veces, parece que no terminamos de ponerle nombre a las cosas. Ni siquiera tenemos claro como llamar a nuestro departamento en la empresa, habiendo pasado por denominaciones como Dpto. de Personal, de Recursos Humanos, de Gestión de personas, de Capital humano, etc. en función del momento.

Como en la moda, también son determinadas personas las que crean las tendencias. Son personas de referencia, de determinado estatus en la profesión. Nos fijamos en ellas y extendemos sus mensajes de forma inmediata vía artículos en la red, posts en blogs, tweets, etc. Está claro que los “early adopters” también existen en lo profesional. Como explica el antropólogo Juan Luis Chulilla, “con las redes sociales llega mucha más información y a una gran velocidad, y basta con que un grupo de personas comience a retroalimentar una realidad para que se extienda” y una frase o un concepto se convierten en moda.

Por ejemplo, hemos pasado de leer en todos los foros que “Los empleados son el principal activo de una empresa” (frase ya muy manida) a explicar cómo “La gestión del talento en nuestras organizaciones es clave para la competitividad de las empresas”. Lo más “in” ahora en Recursos Humanos es la palabra Talento. “Atraer y retener talento, desarrollar talento clave, etc.”. Se nos llena la boca al hablar del talento pero ni los trabajadores llegaron a ser considerados de verdad el principal activo de la empresa en muchas organizaciones (cuando la frase estaba tan de moda) ni cuidamos como debiéramos del talento ahora.

Al igual que la moda facilita proximidades y un sentimiento de pertenencia a grupos, en las distintas profesiones también necesitamos vínculos. El uso de un lenguaje común ejerce esta función. También estamos “in” o “out” en función de como nos expresamos en nuestro ámbito profesional.

Sin embargo, a pesar de que los conceptos y palabras que se usan son muy importantes, lo relevante es la capacidad de los profesionales de recursos humanos de aplicar el mensaje que esas palabras transmiten. Lo importante no es elaborar un discurso perfecto. Lo importante es actuar. Aplicar la teoría en la práctica. Aplicar ese mensaje en la vida real, en nuestras organizaciones.

A veces, en eso también existen similitudes entre el mundo de la moda y el de Recursos Humanos. Con frecuencia, nos quedamos en lo superficial.

No dejemos que todo se quede en el uso de bonitas y novedosas palabras. Las modas pasan, los hechos permanecen.

 

 

 

Choque de valores

Cuando te inicias en el mundo de los Recursos Humanos, puedes provenir de titulaciones muy diversas  (psicología, relaciones laborales, derecho, etc.) y, tras haber llegado de una forma directa o indirecta a decantarte por la gestión de personas dentro de las organizaciones, decides completar tus estudios ampliando tus conocimientos con formación de postgrado o cursos especializados.

En esta formación, te presentan la versión más positiva de esta área. Recursos Humanos es un área estratégica que aporta valor a la organización y que se encarga de alinear a los profesionales con las metas organizativas, desarrolla y moviliza a las personas para cumplir los objetivos, mejora la comunicación transmitiendo confianza, y un largo etcétera.

Lamentablemente, la realidad existente en muchas empresas no encaja del todo con esta visión optimista que se nos ofrece en la teoría. Cuando pasas a la práctica ahondas, poco a poco, en la cara menos amable de los Recursos Humanos, descubriendo que, quizá, nos vendieron un poco de humo en aquellas clases y que toca enfrentarse a la verdad.

Podemos exponer multitud de ejemplos de pequeñas imposiciones empresariales en el día a día que debemos ir bandeando y que son la cara “b” de lo estudiado sobre el papel. Por ejemplo, te pueden exigir silencio en contra de tu opinión de que la comunicación es la base de la confianza, se aprueban subidas salariales personalizadas que potencian la falta de equidad y la desmotivación (en contra de tu propuesta de compensación alineada con la estrategia del negocio), se establecen normas de control cada vez mas estrictas opuestas a tu planteamiento de potenciar la flexibilidad y la autonomía basada en la responsabilidad, etc.

En esta realidad cotidiana, tu imagen inicial de los Recursos Humanos se va difuminando pero asumes esas pequeñas renuncias por dos motivos principalmente. Uno, porque es complicado, en muchos casos, cambiar la cultura empresarial (o de ciertos empresarios más bien) y dos, porque, a pesar de todo, hay otras muchas cosas que sí estás consiguiendo y esos pequeños logros te empujan a seguir adelante.

Sin embargo, hay veces que te enfrentas a una determinada situación o petición concreta que te pone entre la espada y la pared, encontrándote ante exigencias que contradicen tus principios y valores personales. Digamos que Recursos Humanos es un departamento muy expuesto, en ocasiones, a servir a intenciones o propósitos no muy éticos o adecuados.

Y es en estos casos, cuando te enfrentas a determinadas peticiones,  donde cobran importancia los valores personales. Estos residen en la voluntad y se demuestran en tu conducta ante las distintas circunstancias que la vida te plantea.

Si, desde tu posición, te exigen contribuir a intereses o propósitos que no compartes, mi propuesta es:

–          En primer lugar, defender tu posición acerca de cómo hacer las cosas de manera adecuada, argumentándola convenientemente y explicando las consecuencias y resultados positivos de lo que para ti es el modo correcto en que se debe proceder.

–          En segundo lugar, si tus argumentos no son estudiados ni tu propuesta aprobada y  te exigen una “lealtad” mal entendida (forzada y basada en el miedo) y una determinada actuación en contra de tus principios, sólo cabe tomar una decisión muy personal: Renunciar a tus valores y principios o ser fiel a los mismos, aunque ser fiel a ti mismo  conlleve irremediables consecuencias negativas para ti.

A pesar de su importancia, y al igual que ocurre con la cara “b” de los Recursos Humanos, los valores universales como Honestidad e integridad, responsabilidad y respeto no suelen enseñarse tampoco en las escuelas de negocios. Los valores personales se forjan habitualmente en la familia y los vas asimilando a lo largo de la vida, siendo los que motivan tus decisiones cotidianas.

Son tus valores personales los que te definen como persona por lo que es importante recordar que “Si pierdes la lealtad hacia ti mismo, lo pierdes todo”.